Juan Fernández-Viagas Ortiz/ enero 28, 2018/ Relatos/ 0 comentarios

A ciegas

Abraham Dome se levanto más tarde de lo normal. Hoy no había escuchado el primer canto de su gallo negro, así que maldijo el té de hierbas somníferas que se tomó ayer para descansar mejor después de haber pasado varias noches en vela por culpa de aquellos malditos sonidos de procedencia desconocida que incluso parecían estar únicamente en su cabeza. Descendió las escaleras que llevaban hasta la entrada de su casa y, sin dudarlo, se dirigió decidido a la cocina para preparar un buen café. Como hacía siempre, retiró un poco las cortinas de la ventana situada sobre el fregadero para observar a su animales; sin embargo, la sorpresa que se llevó le hizo empalidecer como si todo rastro de sangre hubiera desaparecido de su cuerpo. El corral que tenía junto al granero estaba pintado en sangre. No era capaz de distinguir bien, pero parecía como si sobre el suelo se extendiera una alfombra de huesos y carne triturada. Temeroso, y con el corazón latiendo a un ritmo vertiginoso, corrió a la sala de estar para asir su rifle, lo cargó rápidamente y salió afuera.

Dome se movió arma en alto, apuntando en todo momento en dirección al granero. Sus pasos eran lentos pero decididos, pues tenía que tener cuidado; algo que hubiera causado tal estrago debía ser peligroso, así que no podía dar un movimiento en falso por si lo que fuera aquello siguiera aún en su propiedad. En ese mismo instante, al ojear por un momento el cielo y ver que las dos lunas seguían visible en lo más alto, recordó aquella historia que rondaba por el pueblo estos días. Rom Astrek, quien fue el carpintero de la localidad muchos años antes de perder casi toda su cordura, no dejaba de decir que el mes pasado se había topado con un oso de enorme envergadura. Esto sería del todo normal si no fuera por ciertos detalles extraños: por lo visto sus zarpas eran tan largas y afiladas como puñales, su piel era negra como la noche, su pelaje más abundante que un campo de arroz a punto de ser cosechado y, por si fuera poco, lo que realmente asustaba es que no tenía ojos ni fauces. Como era lógico, un hombre como Abraham, escéptico como nadie en todo el orbe, no creía esa historia, pero su subconsciente le pedía igualmente que tuviera extremo cuidado si no quería acabar como sus animales.

Cuando llegó al corral y observó de pleno aquella escena, Dome tuvo que hacer un gran esfuerzo para no vomitar la bilis de su estómago, pues además de la sangre y el resto de escabrosos detalles, el olor que se respiraba era sumamente asqueroso. En ese momento, un estridente sonido le sorprendió. Apresurándose, entró para ver qué había provocado aquel rugido endemoniado, pero su sorpresa fue tal que deseó que el té de hierbas lo hubiera dejado durmiendo toda la mañana. En el centro del edificio, sobre un charco de una sustancia desconocida de color amarillento, se alzaba desafiante una criatura que jamás hubiera visto ni en sus peores pesadillas. Ese extraño oso negro del que hablaban las malas lenguas se encontraba allí, frente a él, y claramente sus intenciones no eran buenas. Abraham no tardó en abrir fuego repetidas veces contra el ser, pero pronto se percató de que no servía de nada, pues la criatura ni se inmutaba por mucho que los proyectiles atravesaban el pelaje. En un descuido, mientras retrocedía con lentitud, tropezó malamente con un cubo vacío y cayó al suelo de espaldas, golpeándose la cabeza. El oso negro, o lo que fuera aquella cosa, se alzó sobre sus dos patas antes de comenzar a avanzar hacia su nueva presa.

—Despierta… —Una voz resonó en la cabeza de Abraham—. Despierta… debes acabar con todos, ¡van a intentar matarte y no tendrán nada de piedad!

Dome recuperó la consciencia. No veía nada, sentía que este cuerpo no era suyo, percibía demasiados olores y escuchaba el palpitar frenético de seis corazones humanos. Instantes después, sin poder evitarlo, se abalanzó sobre el grupo de cazadores que lo perseguía.

Semillas para aventuras

En Trivia, un pueblo costero de Rasend, Abraham Dome, un conocido agricultor de la zona, ha desaparecido. Hace diez días que sus vecinos no saben nada de él y, casualmente, un extraño animal con aspecto de oso endemoniado ha aparecido en la zona, por lo que creen que puede haber caído bajo sus garras. Ya se han enviado varias partidas de caza, pero todas han acabado fracasando y llevando a la muerte a quienes las componían. Ahora, los habitantes han decidido contratar a un grupo mercenario de cazadores con experiencia que pueda acabar con esta criatura.

Otras anotaciones: Los jugadores deben interpretar a los componentes de un grupo mercenario que ya ha lidiado con amenazas extrañas y seres sobrenaturales. Estos, llegarán al pueblo llamados por sus habitantes, y tendrán varias habitaciones disponibles en una de las posadas, desde donde tendrán que comenzar a investigar todo lo posible antes de enfrentarse al ser.

Lee detenidamente el final del relato y decide cómo desarrollar la aventura:¿Habrá sido siempre Abraham Dome esa criatura? ¿Es posible que se trate de una maldición? ¿Será un efecto sobrenatural de las dos lunas de Aethêr? Intenta que el grupo participante deba investigar y seguir diversas pistas antes de toparse con este ser.