Juan Fernández-Viagas Ortiz/ enero 28, 2018/ Relatos/ 0 comentarios

Una botella vacía

Es bien sabido que cuando la noche cae sobre el mundo, la parte oscura de las personas se abre camino entre los restos de la benevolencia que muestran durante el día y sale a relucir de igual forma que lo hacen dos las lunas de Aethèr cuando buscan desesperadamente al sol hasta el amanecer. Esta historia, de la que aseguran su veracidad, trata precisamente de este asunto.

Un día cualquiera de un mes desconocido —si no recuerdo mal—, Uldric el enano salía feliz y victorioso de la licorería tras haberse hecho con una nueva botella de aguardiente marino. Ya no le quedaban monedas para pagarse una cena o un hospedaje, pues las míseras quince coronas que había conseguido mendigando en la calle se las había gastado sin dudarlo en la bebida alcohólica que poco tiempo iba a durar en el interior de aquel recipiente de cristal.

Sin perder ni un instante, fue corriendo al sucio callejón de la calle Victoria para tirarse sobre un montón de bolsas de basura y restos de comida que rebosaban de un pequeño contendor de latón y, tras acomodarse, comenzó a empinar el codo mientras observaba como descendía la bebida. Sin embargo, su jolgorio duró poco, pues en apenas veinte o treinta minutos el aguardiente ya había pasado del recipiente a su estómago. En ese mismo momento, un hombre elegante que pasaba por allí se detuvo ante él y le dedicó unas palabras.

—Disculpe, caballero… —Dijo mientras se quitaba el sombrero que llevaba—. Veo que no está teniendo una buena noche, ¿puedo ayudarle?

Uldric, que se hallaba en su propio mundo debido a la ingesta de alcohol, levantó la cabeza mareado mientras soltaba la botella por falta de fuerza en su mano.

—Ho… hola. Me llamo Uldric. —Se presentó el enano—. ¿Cuál es su nombre?

—Antoine. —Respondió de forma elegante el distinguido hombre—. Uldric, No nos conocemos de nada, pero me gustaría invitarle a cenar en mi casa. No me gusta ver a gente tan necesitada en la calle… es algo contra lo que lucho constantemente.

—No tiene que preocuparse por mí… —Uldric bajó un poco la cabeza—. Merezco todo lo que me ha ocurrido, así que espero pudrirme con rapidez en esta miseria.

—No diga eso. Coja mi mano, venga… le ayudaré a levantarse —El hombre extendió su brazo y el enano respondió tomándole la mano para levantarse con su ayuda—.

—Venga conmigo, le ayudaré a que todo esto desaparezca… —Antoine le puso la mano sobre el hombro y le invitó a caminar por delante de él hacia la salida del callejón—. Mi carruaje nos espera ahí delante. Le aseguro que a partir de esta misma noche no tendrá que preocuparse más por nada de lo que le haya sucedido. Puedo ayudarle a conseguir una nueva vida.

Tras sólo dar un par de pasos, el enano sintió una pequeña punción en su nuca. Instantes después estaba tendido sobre el suelo, con la visión borrosa, viendo como dos hombres le arrastraban hacia un viejo carruaje.

Semillas para aventuras

Vagabundos de toda Emmerich, ciudad importante del estado imperial de Ada, están desapareciendo en mitad de la noche sin dejar rastro alguno. Las fuerzas del orden, mareadas por los cientos de falsos rumores que circulan entre la población local, no consiguen seguir una pista fiable y no saben a qué se enfrentan.

Otras anotaciones: Nuestra intención con este relato breve es que el director de juego disponga de un inicio que le pueda llevar a desarrollar diferentes tipos de aventuras. Por ejemplo, una posibilidad sería que el tal Antoine fuese un cirujano loco que secuestra a gente sin techo para construir con la carne y los huesos de estas personas una criatura viva. Otra opción viable es que se tratase de un asesino serial que disfruta torturando a sus víctimas.

Sea como sea, es posible construir una aventura que lleve a los jugadores a tener que investigar la ciudad y tratar de conseguir pistas que puedan hacer que den con este demente.