Juan Fernández-Viagas Ortiz/ enero 28, 2018/ Relatos/ 0 comentarios

Semillas de oro

“…y una vez plantadas las diez semillas sobre suelo humedecido, se deben espolvorear tres huesos molidos de cola de serpiente roja. Hecho esto, esperar hasta el amanecer y remover nuevamente la tierra…”

—¿Y luego qué? —Se preguntó Frankie mientras tiraba a un lado el papel con las instrucciones escritas a mano que le había dado el extraño vendedor—.

Eran las dos de la madrugada y, como bien le había especificado aquel hombre del mercado, Frankie y su compañero Mark estaban plantando las semillas bajo un trozo de tierra húmeda

—Hemos seguido todos los pasos, Frank, así que sólo queda esperar a que amanezca…

Semillas para aventuras

En el famosos mercado de Aspid, capital de la cálida y desértica región de Hattath, se encuentra el mayor mercado de rarezas que pueda visitarse en todo el globo. Dos jóvenes cazadores de maravillas, Mark y Frankie, trajeron hasta Burdea, su tierra natal, una serie de objetos extremadamente raros y supuestamente místicos, entre los que destacaban unas enormes semillas de color dorado que, según la leyenda, podían hacer realidad los sueños de quienes las plantaran con sumo cuidado.

Otras anotaciones: Es 22 de Abril del año 593. Los dos muchachos han desparecido sin dejar rastro, y los familiares de ambos están intentando dar con su paradero, buscándolos desesperadamente por toda la ciudad. Lo único que saben es que hace tres días que regresaron de su viaje, y además de las baratijas que trajeron, las familias encontraron la nota escrita a mano, la bolsa vacía de semillas y un trozo de tierra removida.

Mark y Frankie podrían ser amigos íntimos de los personajes, o el dramaturgo podría darles a los jugadores el papel de investigadores privados, pero la idea de esta historia es que el grupo se encargue de resolver lo que ha ocurrido. Al tratarse de un relato tan corto, se dejan todos los detalles abiertos al director de juego, así que puede crearse una historia de cualquier tipo.