Juan Fernández-Viagas Ortiz/ enero 28, 2018/ Relatos/ 0 comentarios

El desastre

Más de siete años han pasado ya desde el desastre. Nadie quiere recordar lo sucedido en aquella fábrica, pero la cicatriz presente en todos nosotros no es nada fácil de curar. Aún a día de hoy, las brechas siguen quebrando la tierra bajo las pocas estructuras que quedaron en pie, y son muchos los viajeros que han salido de ese lugar con vómitos, mareos y sangrado. Estamos acabando con todo, pero la organización sólo piensa en avanzar y tener más poder que otros posibles competidores… Si esto sigue así, el mundo no verá muchos más amaneceres.

Semillas para aventuras

En las afueras de la gran ciudad de Bristal, situada en Maremburgo, están los restos de una vieja fábrica de munición abandonada que, en su día, sirvió como tapadera para llevar a cabo experimentos químicos que tenían como objetivo crear prototipos de armas biológicas que ayudaran al imperio a acabar con sus enemigos sin levantar muchas sospechas. Como era de esperar, todas estas investigaciones estaban dirigidas por una empresa creada para este fin, de forma que si sucediera cualquier problema, nadie culpara al propio emperador de lo ocurrido.

Otras anotaciones: Los jugadores, ya sea por la simple curiosidad, por pertenecer a la empresa o ser parte del imperio, podrían ser llevado por el director de juego a este paraje con la excusa de investigar o recuperar algo. Tal vez, alguien les encargue la tarea de borrar alguna pista o destapar lo que realmente sucedió en el interior de la fábrica.