11 junio,
2015

Montañas vivientes

JSirLink

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—Aquella mañana, la expedición ILARA partió decidida hacia la imponente cordillera de las fauces, un lugar peligroso que, aunque se halla cercano a la capital de la región de Notherhaft, pocas veces había sido explorado por la peligrosidad de los fenómenos climáticos que allí suelen darse casi a diario. El grupo se compuso de dos aeroplanos y una pequeña aeronave de carga que tenía la misión de transportar el material necesario para las excavaciones, lo que incluía maquinaría pesada de todo tipo y otros utensilios claves para el éxito. La excursión tardó más de once días en encontrar aquella enorme roca de la que hablaban las leyendas, les costó tiempo y esfuerzo dar con ella en ese infinito paraje blanco, pero desde luego fue todo un record si se tenía en cuenta que nadie más había sido capaz de localizarla en estos últimos cien años. Por desgracia, ya fuera debido al destino o a otra energía más poderosa, sufrimos una avería en el motor de uno de los vehículos, y fue en ese mismo instante, al aterrizar cerca del punto caliente, cuando nos dimos cuenta de que aquella roca de colosal tamaño no era tal cosa.

—¿A qué se refiere? —Una voz grave lo interrogó.

—La roca no estaba compuesta de turmalina como todos creíamos. Aquello no era una formación de minerales, ¡tenía vida! La enorme mole se movía como si unos pulmones en su interior estuvieran hinchándose y desinflándose a medida que respiraba.

—¿Está seguro de lo que cuenta? —Nuevamente, la voz le preguntó, añadiendo—: Los cargos que pesan sobre usted son muy graves. Le recuerdo que se halla frente al tribunal supremo de Ostland, así que todo lo que diga será anotado.

—¡Pero qué tontería es esa! —Otro hombre que formaba parte de la corte intervino, incrédulo por lo que el investigador relataba—. ¿Un gigante? ¡Bobadas!

—¡Es la verdad señoría! ¡No me estoy inventando nada! Ahí tienen las pruebas, miren las fotos que pude sacar durante la huída. Están algo borrosas, pero se puede apreciar el verdadero aspecto de esa cosa. ¡Era un gigante! ¡Un gigante de más de setecientos pies! ¿Lo ven? ¿Lo ven? Ese que está entre sus manos es Wilmot. ¡Fue esa criatura la que acabó con todos! ¡No fui yo! ¡No fui yo!

El investigador acusado, alterado por las dudas hacia él, rompió a llorar. Las fotos mostraban un ser enorme, de piel rocosa y oscura, que sostenía entre sus manos a un ser humano con vida. Desde luego, viendo aquellas imágenes la historia parecía verídica, aunque algunos de los presentes en el juicio parecían no estar convencidos.

—Bien. Se suspende la sesión por hoy. —El juez hizo una pausa mientras mantenía la mirada fija en las fotografías que tenía delante de él—. Continuaremos mañana a primera hora.

—¡No! ¡No! ¡Por favor! ¡Deben alarmar al ejército! ¡Estamos en peligro! ¡Alguien debe parar a esa cosa o será el fin de todos nosotros! ¡Por favor! ¡Por favor! —Los gritos del procesado resonaron en toda la sala antes de ser apresado por dos guardias y conducido a la salida.

Semillas para aventuras

La aventura se sitúa el 16 de mayor del año 593 tras el cataclismo, dieciocho días después del horrible suceso acontecido en la cordillera de las fauces. Alessio Coarlen, un investigador privado que partió junto a su equipo en busca de una misteriosa roca que se decía que estaba compuesta por turmalina (un mineral muy codiciado por sus propiedades piroeléctricas) y la que le querían realizar diversos estudios, ha sido acusado del asesinato de todo el grupo. El juicio no tiene mucho sentido. Las muertes de sus compañeros no tiene aspecto de ser obra de un ser vivo corriente, él mismo explica que fueron causadas por un ser de colosal tamaño y no hay pruebas que lo inculpen realmente; todo parece ser orquestado con la intención de acallarlo. Según se comenta, es posible incluso que el propio imperio no quiera que se sepa nada del incidente, pues probablemente se desataría el caos si la gente descubriera la existencia de la criatura descrita por Alessio.

Otras anotaciones: Días atrás, el investigador logró ponerse en contacto con un amigo suyo, al que entregó una fotografía y las coordenadas exactas del lugar donde ocurrió todo. Ahora, este hombre está dispuesto de sacar la verdad a la luz y usar los medios de comunicación para ello, por lo que ha decidido contratar a un grupo de aventureros que lleven a cabo la labor de obtener más pruebas de la existencia del enorme gigante de piedra.

Alassar Dur, como se llama este, se pondrá en contacto con el grupo de jugadores y les ofrecerá, además de los medios necesarios para viajar hasta allí, una suculenta recompensa: nada menos que 100.000 coronas. Tienen un plazo de una semana.

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