10 marzo,
2016

Criaturas de piel verde

JSirLink

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Para Frank y Elliot, dos chicos de apenas trece años, las historias acerca de orcos y trasgos no eran más que cuentos utilizados por los padres de todo el pueblo para asustar a sus hijos y evitar que se acercaran a los riscos del norte, un lugar peligroso por las irregularidades del terreno. Ellos eran valientes, y tenían muy claro que aquellas leyendas eran falsas, así que querían demostrarlo tomando fotos de los lugares prohibidos para hacer ver a sus otros amigos que no debían temer de algo que no existía. Seguros de ello, ambos muchachos tomaron prestada una pequeña cámara de fotos del padre de Frank, algunos víveres y esperaron que pasara el medio día para escapar de casa con la excusa de ir a jugar.

Ya avanzada la tarde, el dúo aventurero llegó hasta los susodichos riscos, conocidos de igual forma como "los colmillos del lobo" por la gente local debido a la altura de estos y a las aristas tan pronunciadas que tenían. Entusiasmados, sacaron la cámara, se ajustaron sus botas y comenzaron a caminar sacando fotos de todo lo que veían. La tranquilidad duró poco, y cuando pasaron cerca de una de las docenas de cuevas que por allí se repartían, un siniestro grito gutural hizo que los chicos corrieran a esconderse tras unas rocas situadas no muy lejos de allí. Cámara en mano, y pendientes de la cavidad, esperaron nerviosos e impacientes a ver qué animal era aquel que había producido ese ruido tan grave; no obstante, para su sorpresa, varias criaturas de piel verde, gran altura y fornidos cuerpos fueron saliendo de la cavidad lentamente mientras dejaban que sus ojos se acostumbraran a la claridad exterior.

—Frank, Fra… Frank… —titubeó Elliot con la cara pálida por el miedo—. Esas cosas verde son… son… ¿orcos?

—Sí… creo que sí… Nuestros padre no mentían… —respondió Frank a la vez que levantaba la cámara para hacer algunas fotos—. ¡Tenemos que aprovechar para…!

—¿¡Qué haces!? —Elliot agarró del hombro a su amigo para echarlo hacia atrás mientras tomaba las fotografías, con la mala suerte de que, al pisar mal un pedrusco del suelo, tropezó y cayó, expulsando un pequeño grito que fue oído por aquellos seres.

—¡Nos han descubierto! ¡Corre, tenemos que irnos!

Los dos muchachos salieron corriendo sin mirar atrás, sorteando piedras, maleza y árboles para llegar lo antes posible al pueblo, con tal velocidad, que al poco rato parecía que habían dejado atrás a los orcos. Confiados, redujeron drásticamente el ritmo, sin darse cuenta de que todo este tiempo, entre los árboles, unos seres verdes de menor tamaño los habían seguido sigilosamente. Una de las criaturas cargó una ballesta de mano y disparó a Frank, atravesando con la saeta el tobillo de este, lo que hizo que perdiera el equilibro y se desplomara sobre la tierra. Elliot, petrificado por la situación, no sabía cómo actuar, pero tampoco tuvo tiempo; otro de esos bichos saltó sobre él y lo derribó, agarrándolo con fuerza.

Al cabo de unos minutos, varios orcos llegaron hasta los muchachos. Uno de ellos, que claramente era mucho más grande que el resto y presentaba un tono más oscuro de piel, dio unos pasos hacia ambas presas, haciendo que los seres pequeños se apartaran con miedo. Sin más, agarró a los dos chicos por las piernas, sujetándolos bocabajo, y espetó unas palabras en la lengua común dirigiéndose al resto del grupo.

—Es poca comida, ¡con esto no tenemos ni para empezar!. Vamos a tener que cazar algún oso para acompañar la carne de estas dos crías humanas.

Semillas para aventuras

No importa dónde sitúes esta aventura, aunque sería conveniente que se tratara de una localización norteña (tal vez algún pueblo situado por la zona norte de Aspheria, dentro del imperio humano). Frank y Elliot, dos chicos de trece años, han desaparecido al norte del lugar, cerca de los riscos. Sus padres únicamente hallaron la cámara de fotos que se llevaron y unos zapatos, ambas cosas al lado de unos matorrales manchados de sangre. Han pasado unas horas, así que los jugadores formarán parte de un grupo encargado de encontrar a los dos niños desaparecidos, quienes pueden seguir aún con vida.

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