12 agosto,
2016

El hombre de los caramelos de menta

JSirLink

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—Chicos, chicos… ¿nunca os han dicho que no está bien jugar sin la compañía de un adulto? —preguntó el viejo hombre que se acercó al grupo de muchachos que correteaba en el pequeño callejón—. Hace años que una extraña fábula, un relato muy antiguo temido por padres como los vuestros y niños muy parecidos a vosotros a los que les encanta jugar, recorre las viejas y nuevas calles de esta ciudad con la intención de advertir a los jóvenes de los peligros que acechan en cada oscuro rincón. "El hombre de los caramelos de menta", se titula. ¿No la conocéis?

—No, creo que ninguno de nosotros la ha escuchado alguna vez, señor —respondió uno de los niño mientras golpeaba un viejo balón—.

—Muy bien… no pasa nada. Acercaos, acercaos todos… yo os la contaré, pues debéis aprenderla.

Hace muchos, muchos, muchos años… cuando ni siquiera William Von Essen, nuestro querido emperador, había nacido, un hombre adinerado de avanzada edad con infinidad de dolencias y problemas acarreados a su espalda, dedicaba su vida a mejorar la sociedad, donando dinero y ayudando a los pobres a tener una vida mejor. Un día, sin embargo, el destino, lejos de premiarlo por su bondad, le coronó con un mal mucho mayor que todos aquellos que ya sufría. Debido a un suceso que poco sentido tiene contar aun sabiendo la verdad, pues siempre varía según la boca de quienes relatan esta historia, el viejo hombre comenzó a sufrir una extrema necesidad de ingerir sangre humana para no marchitarse como una flor sin agua, así que pasó de tender su mano a la gente… a coger la de otros y acabar con sus vidas sin mucho miramiento. Las víctimas, como os podéis imaginar, eran niños, pues siempre se ha dicho que tanto su sangre como su espíritu presumen de pureza, por lo que todos los días al caer la tarde, paseaba a lo largo y ancho de nuestra ciudad buscando presas que pudieran ayudarle a mantenerse con vida. ¿Y cómo conseguía acercarse lo suficiente a ellos?, os preguntaréis; se arrimaba contando cuentos de toda índole para, al momento, ofrecerles caramelos con sabor a menta antes de atraparlos y secar hasta la última vena de sus cuerpos. De ahí el apodo que le pusieron más tarde: el hombre de los caramelos de menta. Afortunadamente para él, siempre había logrado salirse con la suya, y ni las autoridades ni los detectives privados que iban tras sus pasos fueron capaces de atraparlo; no obstante, como suele decirse, el mal no dura por siempre, y una noche, mientras absorbía el líquido vital de una pequeña presa, fue sorprendido por un grupo de ciudadanos. Estos, indudablemente, se lanzaron sobre el viejo hombre, al que apalearon hasta la muerte para evitar que volviera a hacer de las suyas… o eso creyeron. Varios días después, los hijos de todos los que participaron en aquella somanta de palos desaparecieron sin dejar rastro, pero tampoco se volvió a saber nada del extraño viejo. ¿Qué, os ha asustado? No… no tengáis miedo, pues sólo se trata de una leyenda. Tomad, os habéis ganado estos caramelos…

Semillas para aventuras

Hace muchísimo tiempo que en la ciudad de Ostland no se tiene constancia del hombre de los caramelos de menta. Durante muchos años, este extraño ser, del que incluso se duda que fuera alguna vez humano, estuvo vagando sin rumbo fijo llevando consigo desolación a muchas familias que perdieron a sus hijos. Ahora, tras tanto tiempo, ha vuelto a aparecer.

Los jugadores pueden representar a miembros de las fuerzas del orden o a familiares que han perdido a sus pequeños vástagos. La idea es que la historia se centre sobre la figura de la que se habla en el relato, haciendo que los personajes deban dar con él para descubrir de una vez por todas qué es esa cosa y, si es posible, acabar con ella.

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