Lo sobrenatural

Lo sobrenatural está conformado por la esencia de una gran variedad de elementos que rigen este mundo, por entidades etéreas tan antiguas como el vacío que existía mucho antes de que nuestro dios creador concibiera el cosmos. Muchos llaman a esta fuerza magia, pero esa es tan solo una de las muchas facetas que puede llegar a mostrar.

Los seres vivos, lo inanimado, el propio mundo… Todo forma parte de su existencia, y cada una de las esencias es un trozo de su ser, sujeto a este por lo que los mortales llaman los hilos del destino.

El entramado

También conocido como destino, el entramado no es más que la unión de todo lo material e inmaterial que se puede encontrar en este mundo, de lo existente y de los inexistente. Desde una simple gota de agua, un perro o un hombre, hasta un gran armazón de metal, una locomotora o los propios dioses.

Cada una de las esencias que residen en el universo, ya sean pertenecientes a seres vivos o a cualquier tipo de objeto exánime, se encuentra sostenida por unos delgados filamentos que se entrelazan con el resto y terminan uniéndose a un núcleo, a la madeja tramada por el destino. Este corazón central, donde se mezclan los hilos, se llama azar, y es el encargado de unir o separar las esencias. Cuando dos personas se encuentran en un camino no es pura coincidencia, ni tampoco es un infortunio que alguien sufra un accidente, como podríamos llegar a creer. Es el azar quien se encarga de decidir los hechos y de tejer el futuro de cada uno de los seres y de los elementos, como si se tratase de un titiritero que mueve sus marionetas creando un gran espectáculo.

Ni el azar ni su composición son perceptibles para los seres vivos. Tan solo algunas criaturas han llegado a ser capaces de desarrollar la percepción necesaria para vislumbrar a esta extraña entidad, pero aun así, nunca nadie ha llegado a entenderla. Hasta ahora ningún ser ha descubierto jamás su procedencia, y no se sabe cómo se creó ni dónde se encuentra con exactitud.

Los dioses, las entidades mayores y el entramado

Ni siquiera las entidades de gran poder se ven en condiciones, o con la suficiente fuerza, de hacer frente al capricho del destino. Las deidades también están sometidas a los hilos que mueve el azar, aunque al poseer una esencia mucho mayor de lo normal, suelen tener reservado un sitio muy especial dentro de la función que se desarrolla en este mundo.

Visiones del entramado

Hay personas y diversas entidades que son capaces de ver el entramado que sostiene este mundo. Para ellos, Aethêr no es un lugar lleno de seres vivos, altas montañas o ríos cristalinos, es un espacio apagado, bañado en tonalidades grises que transmiten una profunda tristeza, en el que se vislumbra una tergiversada red de hilos tensos que sostienen cuerpos que parecen sombras, sin rostro alguno, y que se terminan perdiendo en el oscuro cielo. Estos seres no distinguen rostros, tan solo son capaces de guiarse a través de la esencia de los cuerpos que ven ante ellos. En algunos casos, estas personas pueden ver cosas que la gente normal no es capaz de entender, y a veces pueden predecir hechos del posible futuro.

Se dice que si un ser vivo corriente pudiera contemplar con sus propios ojos el entramado, terminaría perdiendo por completo la vista. Sus ojos se volverían completamente grisáceos, pero adquiriría la capacidad de percibir las esencias de quienes se encuentran a su alrededor o el talento de divisar en su mente las figuras de las criaturas que siente.

Ver el entramado y ver lo sobrenatural

Hay que tener muy claro que poseer la capacidad de ver el entramado no significa que se tenga la posibilidad de ver lo sobrenatural. Con esto queremos decir que, un sujeto que sea capaz de visualizar los hilos del destino, tal vez pueda conocer la forma de evitar ciertos ataques o de cambiar los hechos que vayan a ocurrir, pero nunca podrá ver las corrientes mágicas en sí, ni a los espíritus, aunque sí podrá visualizar sus esencias y los hilos. Por lo tanto, ver el entramado es una capacidad que nada tiene que ver con ver lo sobrenatural.

Influir en el azar y su composición

Hay criaturas capaces de influir en el azar de un modo u otro. Estas entidades pueden ser simples mortales que por algún motivo han nacido con este don, o altivas entidades que gozan de poderes divinos con los que engañar al destino. Nunca se llegará a saber cuánto de estos seres habitan el mundo, pues ni siquiera ellos mismos son conscientes del alcance de sus acciones.

El maná

El maná es otra de las piezas importantes que conforman el mundo sobrenatural, una energía presente en todos y en cada uno de los seres vivos de este universo. Esta sustancia abstracta es la encargada de mantener las almas dentro de los cuerpos, haciendo las veces de atadura e impidiendo que lo abandonen. Los místicos la llaman "la brisa de los elementos".

El arkan, nombre por el que se le conoce comúnmente, se encuentra presente en el ambiente, en todos aquellos lugares por donde fluyen las corrientes elementales. Esta materia es absorbida de forma instintiva por el espíritu de las criaturas, el cual usa para regenerar sus propias ataduras. A medida que un cuerpo va madurando, el arkan lo hace con él, y se va potenciando con el paso de la edad. Pero al llegar a su fin de vida, desaparece gradualmente y ocurre lo que denominamos muerte. La muerte también puede llegar si se sustrae todo el maná de un cuerpo, instante en el cual se pierden todos los vínculos del alma, y esta se desprende de su cárcel de carne y hueso.

El arkan y el nakra

Existe otra sustancia que ha sido creada en la actualidad, por medios que solo conocen aquellos que se dedican al procesamiento de los cristales khrolta, que recibe el nombre de nakra. Esta carga, totalmente opuesta al arkan, tiene una estructura similar a la del maná. Es justamente esta energía la utilizada como combustible para el motor de las aeronaves.

El nakra y el arkan, pese a ser cargas opuestas, no se atraen en absoluto. Las dos energías se repelen completamente, y la función principal del nakra es la de formar pequeños campos de levitación para sostener las estructuras de las aeronaves. Aún queda mucho por descubrir en el estudio del nakra y sus funciones, pero se están consiguiendo importantes avances.

Las corrientes elementales

En otro tiempo, las ocho corrientes elementales procedían de la misma tierra, y se movían por toda Gea recorriéndola de arriba a abajo. A día de hoy, y debido a la influencia de los nodos ancestrales, se encuentran vinculadas, en cierta medida, a los tres planos en los que se hallan las almas de los dioses. Ahora fluyen por Aethêr de forma descontrolada, terminando su recorrido en el mar sobrenatural situado bajo las masas de tierra.

Las cuatros grandes corrientes son el aire, la tierra, el agua y el fuego, y cada una de ellas representa a uno de los elementos que rigen la vida. Las cuatro menores, sin embargo, simbolizan muchas de las cualidades y de los sentimientos de los seres, como pueden ser el engaño, la ilusión, el odio o el amor. Cuando un sentimiento empieza a surgir dentro de una persona, este viaja hasta la mente de ese sujeto desde las corrientes mágicas, y entonces empieza a tomar forma. Aún no se sabe si esto es cosa del propio azar o si, por el contrario, fue algo ideado por el dios creador de todo.

Fueron las causantes del cataclismo que se produjo en el año 0, ya que cuando se liberaron sin control, emergieron con una fuerza descomunal. Gracias a la brisa sobrenatural que dejan a su paso, las masas de tierra pueden mantenerse suspendidas en el aire, por lo que si estas dejaran de existir, se desplomarían. Los hechiceros y algunas de las criaturas de otros planos se aprovechan de esta energía que, junto al maná de sus almas, les permite materializar sortilegios con los que afectar a la realidad. Asimismo, algunas de las entidades menores nacidas en las dimensiones emplean estos torrentes de energía como caminos para viajar desde alguno de los planos hasta mundo terrenal.

Los vientos mágicos poseen un tiempo de vida muy corto. Tras siete días, cuando su carga de maná comienza a perder fuerza, las corrientes acaban precipitándose al vacío, y caen sobre el misterioso mar de Arkan. Aquí descansan hasta el momento en el que emprenden de nuevo el camino de vuelta hacia su lugar de origen, donde se renuevan y comienzan un nuevo ciclo. Esto significa que esta energía nunca desaparece por completo, sino que se renueva continuamente, renaciendo con la fuerza que tenía antes de caer.

Los nodos cristalizados y el impulsor

Aunque no son obra de la naturaleza, estos artefactos creados en la antigüedad por la olvidada raza de los sildaran, juegan un papel muy importante en el curso que siguen las corrientes elementales en nuestro tiempo. Dieciséis fueron los nodos creados, junto a una gran máquina a la que llamaron impulsor. El fin con el que se construyeron no era otro que el de acumular la magia, para conseguir así un control absoluto sobre esta fuente de energía, una ambición que terminó asestando al planeta un duro golpe del que aún no se ha recuperado.

Durante un tiempo, estas creaciones dieron su fruto, y los ancestrales consiguieron un manejo perfecto y casi total de las fuentes de poder que se hallaban en Gea. Pero con la guerra de la liberación, el uso de un armamento extremadamente avanzado y la intervención de una fuerza divina, los nodos fueron dañados y, algunos, terminaron quebrando, dando paso a una fuerte avalancha de poderes ocultos que desencadenaron el cataclismo.

A día de hoy, cinco de los nodos cristalizados se encuentran tan fragmentados que han perdido casi toda su influencia, afectando directamente al flujo de los vientos que corren por ciertos puntos de Aethêr de forma negativa. Estos sectores reciben varios nombres, aunque los más conocidos son dos, zonas ciegas y forte fluxus. Las zonas ciegas están faltas de corrientes, y el ambiente se halla libre de arkan, por lo que es un lugar por el que los barcos no pueden navegar y en donde los hechiceros se ven incapacitados para lanzar conjuros. Por el contrario, en los forte fluxus, los vientos soplan con una fuerza tan violenta que la carga de maná muestra un incremento considerable, y aunque es una gran ayuda para los místicos, no es así para los navegantes, ya que los motores de las aeronaves pueden dañarse con suma facilidad.

Los manantiales khrolta

Aunque muy pocos lo saben, alrededor de los antiguos nodos ancestrales se forman pequeñas cristalizaciones naturales. Es de aquí de donde se obtienen los cristales khrolta en bruto, antes de ser procesados correctamente. Este material tan necesario para mantener en funcionamiento muchos de los avances tecnológicos, suele formarse a lo largo de los meses, producto de la corrupción que causa el cristal en la tierra. Normalmente no alcanzan un tamaño superior a los treinta centímetros. Al contrario que los cristales khrolta procesados, estos poseen una carga de arkan muy pura, y en este estado no sirven como combustible.

El vacío

El vacío es una fuerza oscura, una energía mágica que se mueve oculta entre las corrientes elementales de Aethêr. Recibe este nombre debido a la oquedad que permanece en la armonía de los sujetos que desarrollan esta vertiente, ya que la armonía de sus practicantes no se decanta por ninguna vía elemental, y queda acumulada en lo que se llama vacío. Esto les permite controlar la parte más inmoral de las corrientes mágicas, aquellas concavidades invisibles por las que se mueven las almas de los caídos, lo que les hace tener un cierto control sobre la muerte y la no vida.

El mar de Arkan

Este mar siempre ha estado presente en el universo, desde sus comienzos, aunque es ahora cuando está tomando más fuerza. En los principios de la creación, cuando el mundo recibía el nombre de Gea, el mar de Arkan se encontraba en otra dimensión, más allá del núcleo del entramado. Actualmente ha tomado forma física, y permanece en Aethêr como una espesa masa formada por nubes oscuras, una aglomeración que desprende un olor muy peculiar que bien podría recordar al azufre. Se desconocen las causas del porqué de su aparición en el mundo terrenal. Muchas teorías apuntan a que ha sido obra de entidades mayores con fines que se desconocen, pero otras afirman que tan solo fue un cambio más de la realidad propiciado por el cataclismo.

Estas nubes ocupan una gran parte del planeta, y separa la zona alta de la antigua tierra. Atraviesan Aethêr de un extremo a otro, cubriendo una altitud de unos tres kilómetros. Normalmente, en ciertas épocas del año, esta varía y alcanza los cinco kilómetros de altura, justo cuando los vientos mágicos toman más fuerza y aumenta la cantidad de energía que viene a morir a este lugar. En su epicentro se encuentra el gran ojo, también denominado tránsito, una especie de agujero con forma de remolino por el que se filtran las corrientes muertas, cuya función no es otra que la de trasladar a estas hacia los planos de origen. Alrededor de este extraño mar se forman multitud de fuertes tormentas eléctricas y perturbaciones que pueden destrozar con mucha facilidad cualquier navío que se encuentre próximo, sin contar que recalienta con suma facilidad los motores, lo que lo hace un lugar muy peligroso para navegar.

Junto a las corrientes que van a parar aquí llegan las almas de aquellas personas que han fallecido, y vagan por este estrato hasta que son absorbidas por el tránsito. De igual forma, cuando una criatura no perteneciente a este mundo es desterrada por algún motivo, las corrientes lo traen hasta este lugar, y a través del ojo retorna al plano del que surgió.

El mar en la antigüedad

El mar de Arkan nunca fue como lo que es ahora. En su creación, las almas que de un modo u otro terminaban en él, simplemente se regeneraban. Parte de la consciencia que la vida había dejado en estas se eliminaba. Una vez ya renovadas, eran proyectadas hacia nuevos cuerpos, de alguno de los niños que eran engendrados en el mundo, repitiéndose este proceso una y otra vez. Ahora, se encarga de dirigir a los espíritus hacia uno de los planos dimensionales según el karma obtenido durante su existencia en el mundo físico. En estos lugares, los espíritus sufren una purga, y deben enfrentarse a sus propios pecados antes de lograr encontrar un camino de vuelta para llevar a cabo la regeneración.

La creación de las nuevas almas

Que las almas estén en un continuo proceso de regeneración y purga no quiere decir que no exista la posibilidad de que alguno de los espíritus se desvíe del camino que debería seguir o que, simplemente, acabe devorado por un ser sobrenatural o eliminado del mundo de alguna forma. Algunas veces, cuando el número de almas se reduce hasta un punto crítico, el núcleo del destino concibe nuevos espíritus y los envía al mundo físico, uniéndolos a los cuerpos que el azar haya escogido para ellos, sin importar el sexo o la raza.

Los dioses y la concepción de la vida

Cuando se crearon los planetas, todos los grandes hijos de Vahladiel fueron designados por este como dioses y padres de los distintos mundos, y obtuvieron capacidades que les permitieron crear toda la vida presente a día de hoy. Pero claro, tras leer el punto anterior, es posible que te asalten dudas. ¿Realmente fueron los dioses los creadores de todo? ¿Participó el azar en la creación de las razas?

Las regias deidades con la capacidad de concebir vida a su antojo, realmente crean seres a través de sus acérrimos deseos y de su más que desarrollada esencia, influyendo de forma inconsciente en el entramado. Esta voluntad es la que activa el azar para formar las nuevas almas y los cuerpos necesarios para ellas, concibiendo la vida que han esbozado en sus subconscientes. Esto quiere decir que, realmente, es el azar quien se encarga de todo. Los dioses solo son una ficha más del juego, una ficha importante, los reyes y las reinas de toda partida de ajedrez. Tal vez, algún día, la humanidad descubra que existe algo más allá de este mundo, que realmente el autor de todo lo que conocen es una entidad que se encuentra por encima de cualquier cosa.

Los misterios del mar de Arkan

La carga de maná que se encuentra en el mar de Arkan es la más concentrada que puede hallarse en todo Aethêr. Los barcos que logran atravesar las tormentas eléctricas y las perturbaciones, y llegan a rozar parte de su superficie, ven sus motores tan pesados que terminan sobrecargándose, haciendo que la aeronave se quede sin propulsión y termine precipitándose al vacío. Por si fuera poco, la mayoría de cuerpos terrenales que se ven expuestos al Arkan de este lugar se deforman hasta tal punto, que hasta su esencia y su alma se ven afectadas. Estos infelices terminan convirtiéndose en criaturas sobrenaturales que solo viven para alimentarse, y mutan hasta tal punto que nadie podría ser capaz de reconocerlos.

Existen miles de leyendas sobre este lugar, leyendas de casos en los que se han escuchado lamentos, gritos y voces extrañas que procedían de lo más profundo del mar, en los que se han visto figuras y cuerpos intangibles de seres que no parecen humanos, y ha habido casos de desapariciones y de muertes misteriosas en las naves que han tenido el valor suficiente de aproximarse a esta masa sobrenatural. La barrera que divide la zona alta de la parte baja es un lugar realmente peligroso para cualquier ser mortal.

La muerte y el camino del alma

Cuando un individuo perece en el mundo físico, su alma, ya libre de las ataduras mundanas, se desvincula del cuerpo y se ve arrastrada por las corrientes sobrenaturales hasta alcanzar el mar de Arkan. Aquí permanece a la deriva hasta que el tránsito la absorbe y atraviesa el ojo central, momento en el cual emprende el viaje hacia la dimensión a la que pertenece su karma, o en el caso de poseer dos vertientes, hacia la que tenga más fuerza.

Los espíritus que alcanzan un plano son cazados por los seres que allí habitan, y entregados a los dioses como alimento, quienes los consumen hasta purgarlos. Estas almas, ya libres de todo pecado, vuelven al mundo terrenal y se reencarnan en los fetos de aquellos niños aún por nacer. Los espíritus renovados no recuerdan nada de su vida pasada, y pueden ocupar el cuerpo de cualquier niño, sin importar la raza a la que pertenezcan. Sin embargo, se han dado casos de jóvenes que recuerdan parte de su vida anterior o muestran cualidades sobresalientes que difícilmente podrían tener a su corta edad. Estos sucesos, que ocurren en escasas ocasiones, dan lugar cuando un alma ha logrado atravesar por completo el plano sin ser devorada hasta alcanzar el núcleo del mismo.

A veces, cuando las corrientes no consiguen atrapar un espíritu que pierde su cuerpo, este permanece en el mundo físico y se convierte en un errante. Los errantes son espíritus en pena que no han logrado alcanzar el mar de Arkan, y suelen aparecerse cerca del lugar donde se desvincularon del cuerpo. La única forma de que estas almas vuelvan al flujo y terminen el ciclo de renovación, es mediante la ayuda de un ser del mundo terrenal que sea capaz de liberarlas.