325 – 339 D.C.

A.C. – Antes de cataclismo.

D.C.Después del cataclismo.

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La guerra de las mil llamas

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325 D.C. –  Comienza la guerra de las mil llamas.

— Takeshi Niibura ha pasado estos últimos cinco años educando a su hija con maldad, induciéndola a la venganza y, con tan solo siete años de edad, Ami se ha convertido en una máquina de asesinar. Takeshi creó un nuevo cargo para mantener todo el poder incluso con su hija en el trono, el de shogun, regente de todos los ejércitos de Draeria. Ahora, se dispone a levantar a su pueblo contra el resto del mundo, manteniendo que no deben permitir que los humanos tengan el control.

— Como recuerdo a su diosa, los draekas vuelven a tomar la forma primigenia con mayor frecuencia, y deciden llamarse draesirians, que en su lengua significa hijos de draeria. Así, comienzan la cruzada carmesí, y se inicia el tercer conflicto más notable de este planeta, la guerra de las mil llamas, que tendrá una duración de catorce largos años.

— Al principio, con la intención de debilitar al enemigo, los draesirians llevan a cabo tremendos ataques en embalses y cosechas. Asimismo, buscando cortar las principales rutas de comunicación, derriban toda aeronave que encuentran al paso. Sin embargo, el verdadero movimiento draeka ocurre en el cuarto mes. Aspheria sufre un duro golpe. Más de un millar de dragones asaltan las regiones costeras ubicadas en el suroeste del imperio humano. Genova, Saintlumiere, Loren… todas quedan devastadas, y los pocos supervivientes buscan asilo en las principales capitales, que empiezan a abarrotarse de heridos. Tras estos ataques, el emperador decide enviar al campo de batalla los nuevos modelos de aeronaves que se han desarrollado: los buques, con una potencia de fuego veinte veces mayor a la de un navío corriente.

— Los enanos se ven invadidos al llegar el séptimo mes de este año, pero la voluntad de la que disponen para defender aquello que tanto les ha costado levantar, y la fortuna de disponer de estructuras sólidas excavadas bajo la tierra, les ayuda a expulsar a los draekas del continente de Ostharath. Por desgracia, los elfos no tienen la misma suerte, y la verde región de Nabrila queda consumida por las llamas de los draesirians. Gerald Von Essen llama a otros emperadores y reyes a fundar una alianza para detener a los draekas, y todos responden de forma positiva.

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329 D.C. – La guerra continúa y las plagas aparecen.

— Los ejércitos siguen movilizándose estratégicamente. No obstante, las enfermedades producto de los muertos y la suciedad que deja el conflicto aparecen con suma rapidez, y todos deben ahora preocuparse también por un enemigo invisible al que no se puede combatir con armas. De igual forma, el hambre se deja notar, y cada vez escasean más los alimentos.

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331 D.C. – Los tres asaltos llevados a cabo contra la capital draeka fracasan.

— La alianza realiza el último intento de asaltar Kuon, la capital de Draeria, pero fracasa de la misma forma que lo hizo las dos veces anteriores. Incluso, se envían docenas de asesinos al corazón del imperio ígneo, intentando buscar la eliminación de Takeshi y Ami, pero todos acaban siendo capturados y ejecutados sin remedio.

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334 D.C. – Los silenos sufren un golpe duro.

— Apartados de todo, los silenos se habían mantenido en pie gracias a las colosales barreras mágicas que sus más poderosos archimagos habían extendido por toda la región. Desgraciadamente, los draekas, en un último intento por abrirse paso y hacerse con Sagesse, consiguen anularlas. Daram Nrema, rey sileno y único de su linaje, fallece en la invasión en medio del combate. La tierra silena era considerada como el dominio número veintitrés del imperio de Aspheria, por lo que Gerald Von Essen, temiendo que se formara una revolución por falta de un monarca que dirigiera al pueblo, envió a un gobernante humano para mantener el orden, prometiendo que tras la guerra dejaría de nuevo la región en manos de los propios silenos.

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335 D.C. – El caos sigue reinando.

— Los draesirians ya se habían hecho con toda la costa oeste de Aspheria y habían montado guarniciones en los principales puntos que utilizaban como entrada hacia el imperio humano. Gerald Von Essen falleció este mismo año, en el cuarto mes, y con 41 años su hijo Robert tomó el mando.

— La alianza había creado nuevas máquinas de guerra. Entre todas ellas, las que más destacaban eran las enormes armaduras de guerra conocidas como vaegyrs y los destructivos tanques a vapor. En la batalla que se dio en el paso de Naremba, dentro de la región de Guilles, los draekas tuvieron serios problemas frente a estos inventos, pues eran blancos fáciles ante los cañones de los tanques, los cuales disponían de una potencia abrumadora. De esta manera, los humanos consiguieron que los draesirians utilizasen con menor frecuencia su forma animal, y las tropas de estos comenzaron a formarse por soldados de a pie.

— En el sexto mes, los ejércitos aliados habían avanzado con coraje hacia Saintlumiere, dispuestos a expulsar a los draekas de estas tierras. La tecnología estaba consiguiendo igualar el conflicto, y la alianza lanzó una serie de ataques coordinados contra las guarniciones draesirians. El último choque que se dio este año solo duró tres horas, pero llenó de tristeza a muchos soldados. Los draekas habían caído, y mientras se hacían presos, un enorme reptil alado, con una envergadura fuera de lo común, apareció. Era una criatura extraña, un dragón con una mirada apagada que mostraba tras ella unos ojos verdosos como el olivo. Elurem, sin dudarlo, se lanzó hacia este ser, y aunque luchó con bravura, terminó aplastado bajo sus garras. Ante el asombro de muchos, la tierra situada bajo su cuerpo se marchitó, y los elfos, bañados en miedo, vieron aquello como un mal presagio.

— La muerte de Elurem llevó el caos a las filas elfas, y fue entonces cuando esta cultura se dividió. Muchos de ellos decidieron permanecer junto a los humanos y terminar esta contienda en honor a su fallecido rey, mientras que otros huyeron a los calcinados bosques de Nabrila con la intención de reconstruir el reino.

— Durante los siguientes cuatro años la guerra se extendería por otras partes del mundo.

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339 D.C. – Llega el fin de la guerra de las mil llamas.

— El 12 de octubre del año 339 D.C. fue cuando se decidió todo. Los aliados estaban preparados para dar el último paso. Nuevas aeronaves habían sido construidas, y tanto los tanques como los vaegyrs disponían ahora de un mejor blindaje. La armada, compuesta por más de cien naves de toda categoría y otros vehículos, partió hacia Draeria preparada contra todo pronóstico. El asalto fue duro, y hubo tantas bajas en ambos bandos que era imposible contar el número de muertos, pero al llegar la noche ya se había alcanzado la capital.

— Al llegar a las puertas de palacio, la alianza no pudo creer lo que sus ojos veían. Ami Nakamura, ensangrentada de pies a cabeza, se hallaba frente a la cercenada cabeza de dragón que, según supieron después, pertenecía a Takeshi Niibura, su padre. Esta, sin dudarlo, se entregó.

— El castigo impuesto fue excesivamente leve, y Ami tan solo estuvo obligada a firmar a un tratado que constituyó una rendición en toda regla. El ejército imperial de Aspheria inició un bloqueo, y Robert Von Essen, apoyado por el rey enano, decidió apostar sus tropas en este continente para evitar nuevas revoluciones.

— El acuerdo firmado obligó a los draekas a dejar a un lado su forma de dragón y permanecer en el mundo con su aspecto más humano, y quienes no estuvieron de acuerdo renegaron de su humanidad y huyeron para no volver. Esto, con el paso del tiempo, hizo que la bestia que habitaba en el interior de esta raza se durmiera por completo para no despertar jamás, por lo que no se volvieron a ver criaturas como estas surcando los cielos de este mundo llamado Aethêr.

— Pasaría un tiempo antes de que la humanidad pudiera recuperarse de los daños tan graves que había causado este conflicto mundial.

   

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