La historia de Aethêr

El mundo de Aethêr ha sufrido tantos cambios desde sus inicios, que la humanidad apenas recuerda fragmentos de un pasado lejano. La falta de documentos, la mayoría de ellos perdidos o eliminados a consciencia, ha hecho que escasamente se logren evocar sucesos veraces acontecidos antes del día en el que el orbe, en su totalidad, sufriera una alteración de la que fue imposible escapar.

Al principio, cuando se dio el cataclismo, la vida fue extremadamente difícil. La ascensión de la tierra al cielo y los cambios sustanciales que se produjeron en la atmósfera y la composición del planeta, hicieron que todas las criaturas del mundo tuvieran que adaptarse de nuevo. Esto produjo infinidad de luchas encarnizadas entre los primeros asentamientos que se crearon, ya que la falta de recursos y alimentos fue notable. Pero al llegar el año 141 del calendario actual, un hombre decidido a acabar con los conflictos que se estaban dando reunió un pequeño ejército con el que, tras dos inviernos de guerra, logró unificar a los de su raza bajo una misma bandera, haciendo que en el 143 se fundase el primer y único imperio humano. Por aquel entonces, otras razas como los draekas o los elfos, que tuvieron más facilidades para sobrevivir debido a la suerte y sus capacidades, ya habían constituido sus propios hogares lejos de los conflictos.

En apariencia, con la fundación del imperio de Aspheria, la era de prosperidad comenzó. Poco a poco, tras el levantamiento de las ciudades más grandes que el hombre jamás hubiese visto hasta entonces, la humanidad inició una era de avances sorprendentes. Entre el 201 y el 311, y gracias a ingenios tan maravillosos como las aeronaves o los ferrocarriles, entre muchos otros que deberían ser nombrados y que nadie sabe cómo pudieron ser creados mediante los medios que se tenían en ese momento, se dio pie a un intercambio cultural muy beneficioso que había sido imposible de llevar a cabo hasta ahora por culpa de los enormes océanos y mares de aire que separaban los continentes. Así, se abrieron muchas fronteras, y el imperio humano compartió estos inventos con el resto del mundo, propiciando un proceso evolutivo que fue importante durante los años que siguieron. Por suerte, la paz acompañó a esta etapa, y las riquezas fueron adecuadamente utilizadas en fomentar la enseñanza, apoyar los estudios tecnológicos y mejorar las condiciones de vida de la sociedad. Sin embargo, y como se suele decir, sin caos no hay orden, y llegó el día en el que la armonía fue bruscamente violada. En el año 335 después del cataclismo y, según dicen, por tercera vez en el mundo, un enfrentamiento mundial se originó tan rápido como lo que tarda en consumirse la mecha de un explosivo.

El conflicto se mantuvo en alza durante catorce largos y tortuosos años, en los que millones de personas perdieron la vida y ciudades enteras quedaron calcinadas. Los draekas, ahora conocidos como draesirians, habían iniciado una cruzada descabellada, culpando a los humanos de la muerte de su emperatriz quien, por lo que parecía, había sido asesinada. Valiéndose de sus formas animales y primigenias, innumerables dragones surcaron los cielos de Aethêr reduciendo a cenizas todo aquello que se les resistía. Los enfrentamientos fueron brutales, y todas las razas sufrieron indescriptibles tormentos. Los elfos fueron los más perjudicados, quienes vieron su tierra natal consumida casi por completo. Una alianza entre humanos, enanos, faeryas, elfos, wolvems, khraldars y silenos se conformó, y el frente a la amenaza fue tozudo en todo momento. Gracias a esto, al llegar el 12 de Octubre del año 339, la guerra llegó finalmente a su fin, dando la victoria al bando de los aliados. El imperio de Aspheria se hizo con el control temporal de Draeria, el continente draeka, y los draesirians fueron obligados a firmar un tratado y renegar, de esta manera, de sus formas primitivas, penando con la muerte a aquellos que no obedecieron. Los draekas que se mantuvieron firmes huyeron abandonando su parte más humana y nunca más fueron vistos atravesando alguno de los cielos de este mundo.

Desde entonces, y hasta ahora, los años pasaron acompañados de progresos significativos. La familia imperial de los Von Essen de Aspheria rigió el imperio con sabiduría, ofreciendo un trato exquisito a su pueblo, y el mundo volvió a ser un lugar próspero. Hasta el año 593, espacio en el que nos encontramos…

Ahora, en un mundo donde la máquina lo domina todo y las empresas abandonan sus costumbres más humanas para prescindir de muchos de sus trabajadores con la intención de automatizar los sistemas de producción, los dioses y el pasado han quedado relegado a un plano casi inexistente, haciendo que la humanidad venere, por encima de todo, lo relacionado con la tecnología. No obstante, y aunque pocos se den cuenta de ello, la ciencia está actuando como la peor de las drogas, consumiendo la sociedad y a su gente a un ritmo desorbitante.